Second Sunday of Easter (or Sunday of Divine Mercy)
Dear parishioners,
Happy Divine Mercy Sunday!
I hope you have experienced the joy of this Octave of Easter.Today, our Easter joy is connected to the assurance of God’s forgiveness. When someone is forgiven a large debt, doesn’t a sense of joy arise in proportion to the burden lifted? Contemplating the open heart and wounds of Christ helps us understand the depth of our offenses and the regenerating power of his love. Regarding the sinful woman who anointed his feet with her hair, Jesus said, “Much is forgiven to those who love much.” “I tell you, “he continued, “her many sins have been forgiven; therefore, she has shown great love. But the one to whom little is forgiven loves little.” Saint Thomas the Apostle also had a deep sense of his sinfulness and lack of trust. The Lord invited him to touch his wounds so that he might believe. After touching them, Thomas became the first to confess Jesus’s divinity, exclaiming, “My Lord and my God!” On this Divine Mercy Sunday, I invite you to grow in Paschal joy by confessing Jesus’s divinity and showing gratitude for the forgiveness of your sins.
I would like to share the final words of Saint John Paul II, a pope who promoted devotion to Divine Mercy and canonized Saint Faustina Kowalska during his pontificate:
“As a gift to humanity, which sometimes seems bewildered and overwhelmed by the power of evil, selfishness and fear, the Risen Lord offers his love that pardons, reconciles and reopens hearts to love. It is a love that converts hearts and gives peace. How much the world needs to understand and accept Divine Mercy! Lord, who reveal the Father’s love by your death and Resurrection, we believe in you and confidently repeat to you today: Jesus, I trust in you, have mercy upon us and upon the whole world.” Sunday, April 3, 2005.
We extend a special welcome and congratulations to our newest brothers and sisters in Christ. It was a blessing to witness their baptism, confirmation, and holy communion. Special recognition goes to the Ogonowski family for the baptism of the mother and her four sons, who attend St. Thomas Aquinas Regional School, as well as to Natavia James, who will soon graduate after receiving the gift of the catholic faith at our school with the complete support of her parents. I wish I had more space to write something to each of our neophytes, as we call the newly baptized, but I renew my commitment to pray for their faithfulness, and I ask you to pray for them, too.
May the Lord continue to bless your family with a deep sense of Easter joy!
Fr. Álvaro
II Domingo de Pascua o Domingo de Divina Misericordia
Queridos feligreses:
¡Feliz Domingo de la Divina Misericordia!
Espero que hayan experimentado la alegría de esta Octava de Pascua.
Hoy, nuestra alegría pascual está ligada a la certeza del perdón de Dios. Cuando a alguien se le perdona una gran deuda, ¿no surge una sensación de alegría proporcional al peso que se le quita de encima? Contemplar el corazón abierto y las llagas de Cristo nos ayuda a comprender la profundidad de nuestras ofensas y el poder regenerador de su amor. Refiriéndose a la mujer pecadora que ungió sus pies con su cabello, Jesús dijo: «A quien mucho ama, mucho se le perdona». «Os digo —continuó— que sus muchos pecados le han sido perdonados; por eso ha mostrado un gran amor. Pero a quien poco se le perdona, poco ama». El apóstol Santo Tomás también tenía un profundo sentido de su pecaminosidad y de su falta de confianza. El Señor lo invitó a tocar sus heridas para que pudiera creer. Tras tocarlas, Tomás se convirtió en el primero en confesar la divinidad de Jesús, exclamando: «¡Señor mío y Dios mío!». En este Domingo de la Divina Misericordia, os invito a crecer en la alegría pascual confesando la divinidad de Jesús y mostrando gratitud por el perdón de vuestros pecados.
Me gustaría compartir las últimas palabras de San Juan Pablo II, un papa que promovió la devoción a la Divina Misericordia y canonizó a Santa Faustina Kowalska durante su pontificado:
“A la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor resucitado le ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y suscita de nuevo la esperanza. Es un amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina! Señor, que con tu muerte y resurrección revelas el amor del Padre, creemos en ti y con confianza te repetimos hoy: ¡Jesús, confío en ti, ten misericordia de nosotros y del mundo entero! Domingo 3 de abril de 2005.
Damos una bienvenida especial y felicitamos a nuestros nuevos hermanos y hermanas en Cristo. Ha sido una bendición ser testigos de su bautismo, confirmación y primera comunión. Queremos hacer una mención especial a la familia Ogonowski por el bautismo de la madre y sus cuatro hijos, que asisten a la Escuela Regional St. Thomas Aquinas, así como a Natavia James, que pronto se graduará tras haber recibido el don de la fe en nuestra escuela con el apoyo incondicional de sus padres. Ojalá tuviera más espacio para escribir algo a cada uno de nuestros neófitos, como llamamos a los recién bautizados, pero renuevo mi compromiso de orar por su fidelidad, y les pido que oren por ellos también.
¡Que el Señor siga bendiciendo a su familia con una profunda vivencia de la alegría pascual!
P. Álvaro
